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Cuando el tren llegó a León.

Categoría: Edad Contemporánea

Es a partir del siglo XIX sobre todo con la mejora de las comunicaciones por carretera y la llegada del ferrocarril, cuando León revive después de un letargo de tres siglos. Una nueva burguesía agraria e industrial levanta el pulso económico de la ciudad, lo que se traduce en una ordenada expansión urbana y la aparición de nuevas edificaciones. No son ahora los reyes, los aristócratas ni los príncipes de la Iglesia quienes erigen edificios importantes, sino las instituciones o los hombres de negocios. Un ejemplo emblemático de esta nueva arquitectura es la llamada "Casa de Botines", obra del arquitecto catalán Antonio Gaudí.

San Jorge y el Dragón, escultura en Botines
San Jorge y el Dragón, escultura en Botines

Situada junto al antiguo palacio renacentista de los Guzmanes, la "Casa de Botines" se debe a la iniciativa de unos prósperos comerciantes de tejidos de León relacionados con los industriales textiles catalanes, uno de los cuales, Carlos Güell, recomendó a Gaudí para la construcción de una nueva sede del negocio de los leoneses. Gaudí inició el proyecto en 1891 y tuvo que superar muchas trabas burocráticas antes de finalizar la obra. Gaudí realizó un impresionante edificio de inspiración medieval, resuelto con su inconfundible estilo modernista, que serviría al mismo tiempo como negocio de tejidos en sus plantas bajas y para viviendas en las superiores. Declarado Monumento Histórico en 1969, fue posteriormente adquirido por una institución financiera de León, Caja España, que lo ha restaurado para su sede social.

Este personalísimo estilo de Gaudí inspiró a otros arquitectos a la hora de plantear los proyectos de nuevos edificios civiles, como el de Correos, obra de Manuel Cárdenas (1910). En el primer tercio del siglo XX la ciudad se dota de construcciones como la Casa Roldán, el Teatro Emperador, la Casa de los Picos o la Casa Jardín de Papalaguinda, el Edificio Bernesga y el Edificio Pastor, que son el anticipo del actual desarrollo urbanístico, en el que tienen un protagonismo singular parques, fuentes y jardines.

El Parque de Quevedo, al lado del Puente de San Marcos, es un espacio abierto de 60.000 metros cuadrados lleno de rincones tranquilos y paseos, como el Jardín Romántico, que preside una estatua del poeta Rubén Darío.

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Juego de bolos leonés

El Paseo de Condesa Sagasta, al lado del río, combina los jardines con las zonas deportivas. El jardín de San Francisco, en su exquisita pequeñez adornada por la Fuente de Neptuno, contrasta con los 100.000 metros cuadrados del jardín de La Granja, el más moderno de la ciudad, con sus fuentes luminosas y paseos deportivos. Jardines y fuentes que se prodigan en la Plaza Circular, la Glorieta de Guzmán el Bueno, la Plaza de Santo Domingo, la Avenida de Miguel Castaño, o la Plaza del Grano, en la que existe una pequeña fuente que representa a dos angelotes que abrazan la ciudad, como hacen los ríos Torio y Bernesga, en cuya confluencia, sobre una colina, hace casi dos mil años, empezó la historia de la ciudad de León.

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